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Torre del Oro desde Triana

Torre del Oro

La Torre del Oro es uno de los monumentos más famosos de la ciudad de Sevilla.  Desde la terraza del restaurante Abades Triana en la calle Betis, podemos observar una de las instantáneas más fotografiadas por los viajeros, compuesta por una serie de elementos que, uno detrás de otro, y todos por separado, hablan del magnetismo que ejerce esta ciudad. Se reúnen, en un solo golpe de vista, el Puente de Isabel II o de Triana, la Plaza de Toros de la Maestranza, el Paseo de Colón y la Giralda asomándose por detrás. Falta algo, la Torre del Oro como remate del conjunto. Y como símbolo de Sevilla.

Efectivamente, la Torre del Oro no puede quedarse atrás. Lleva ahí desde que los almohades la construyeran entre 1220 y 1221, como último baluarte defensivo que conectaba con el Real Alcázar, como llave del río Guadalquivir en su margen izquierda. Una torre albarrana de doce lados como muestra postrera de la arquitectura de su tiempo, justo antes de la conquista cristiana. No obstante, recibió dos aportaciones posteriores: otro dodecaedro menor encargado por Pedro I el cruel en el siglo XIV y un remate cilíndrico de 1760.

Sobre el origen de su nombre, en una ciudad tan dada a las leyendas como Sevilla, hay para escoger: que si se debe al brillo dorado que reflejaban sobre el río los azulejos que presuntamente la recubrían, que si hace ilusión a su importancia (igual que existió una Torre de la Plata), que si custodiaba el oro traído de ultramar. ¿Hacen falta más creencias populares? Se extendió la teoría de que en su base nacía una gruesa cadena que, llevada a la otra orilla, permitía cerrar el puerto fluvial.

En su interior alberga el Museo Naval, donde se exponen los vínculos de Sevilla con la mar, siendo un puerto tierra adentro y erigiéndose en su día como “Puerto y Puerta de América”.

Fotografía: Restaurante Abades Triana