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Exterior de la Alcazaba de Guadix

La Alcazaba de Guadix, de fortaleza a mirador

La Alcazaba de Guadix fue construida hacia el siglo XI con las funciones, como era habitual en este tipo de construcciones, de ofrecer un puesto de vigilancia con la altitud suficiente y de proteger a la población de los ataques enemigos. Pero estas fortificaciones, pensadas para los tiempos de conflicto, pierden su sentido en tiempos de paz y, tras la conquista de los Reyes Católicos en 1489 y un largo periodo de dominio cristiano que se prolonga hasta hoy, la ciudadela musulmana cayó en el abandono.

En la actualidad cumple una función muy diferente, sus muros ya no son necesarios ante los invasores. En una visita a Guadix, subir a la Alcazaba ofrece unas sensacionales vistas de todo el municipio y en especial del barrio de las casas cueva. Su ubicación privilegiada la convierte en una visita obligada para poder llevarse una panorámica y una visión clara de cómo se organiza la ciudad.

Ya entre sus muros y en la cuadrangular Torre del Homenaje (conjunto restaurado y declarado Monumento Artístico Nacional en 1931) también conseguimos trasladarnos en el tiempo e intentar comprender cómo era la vida en aquella Guadix medieval.

De entrada, en su condición más superficial, conocer los sistemas de construcción de la época, como el tapial, que establecía construir muros con tierra arcillosa compactada a golpes mediante un ‘pisón’, y apoyándose en un encofrado deslizante que normalmente era de madera y con el que la alcazaba tomaba ese aspecto rojizo característico.

Igual que desde los torreones de la alcazaba se divisan en su plenitud las casas cueva, en los miradores de este barrio –Cerro de la Bala, Padre Poveda y de la Magdalena– se obtienen excelentes vistas de la alcazaba, de sus almenas, de sus torres cuadradas y de su elevada figura ofreciendo sensación de seguridad a los habitantes de Guadix.

Foto: Patronato de Turismo de Granada