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Fachaba de la catedral de Guadix

Catedral de Guadix

Guadix se encuentra en el paso natural del Levante al Valle del Guadalquivir. Parece que no, pero es un dato geográfico que viene muy a propósito de su Catedral. Sucede que estamos ante uno de los enclaves más antiguamente poblados de la península, un emplazamiento que ha sido estratégico para las sucesivas civilizaciones, las cuales han ido dejando su huella a lo largo del tiempo.

Llegaron los visigodos y construyeron una iglesia que, posiblemente, fue una de las primeras sedes diocesanas de España. Cuando los musulmanes se hicieron con el poder, en el mismo templo se instaló la mezquita mayor de la ciudad. Y cuando los cristianos la reconquistaron en 1489, esta mezquita retomó su antiguo uso como sede episcopal y se rebautizó con el nombre de Iglesia de Santa María de la Encarnación. Al ser declarada catedral por el Papa Inocencio VIII fue ampliada y, pronto, se decidió construir un edificio nuevo. Eso sí, todo en el mismo sitio.

Igual que el terreno donde se asienta Guadix, la Catedral de la Encarnación ha estado ahí para quien tocara ocuparla. Ya se sabe, alrededor del templo se organiza la vida de una ciudad. Y muchos siglos después de ser construida por primera vez, el edificio comenzó a tomar el aspecto que nos ha llegado hasta hoy.

Pudo ser gótico, pero parecía pasado de moda. Pudo entregarse de lleno al Renacimiento, pero aún hubo sitio para otros estilos. Pudo ser barroco, pero ya traía la herencia de los templos anteriores. Al final, resultó una obra maestra que fusiona todos estos estilos de los siglos XVI y XVIII. Un poco gótica y muy renacentista y barroca, una verdadera joya para administrar la espiritualidad de los accitanos.

Puestos a enumerar sus tesoros particulares, hay que quedarse con el coro barroco tallado por Ruiz del Peral. Espectacular. O con las columnas corintias y jónicas. Majestuosas. Y no perder de vista sus tres fachadas: una dedicada a la Anunciación, otra al patrón de Guadix, San Torcuato (quien levantó aquella primera iglesia visigoda en el siglo I), y otra a Santiago Apóstol.

Otros enseres, objetos y piezas artísticas sorprenden al visitante. Por su virtuosismo y por el contexto: una mezcla de estilos, de épocas, de gustos, de historias.